JORGE VELASCO
Biografia
Jorge Eduardo Velasco Mackenzie nació
en Guayaquil el 16 de enero de 1949 es un escritor y catedrático ecuatoriano.
Su primer cuento apareció en 1974
en la revista La bunfanda del sol, titulado Aeropuerto. Al año siguiente ganó
el concurso universitario de cuento de la Universidad Técnica de Machala. Durante
el mismo año publicó su primer libro, la colección de cuentos De vuelta al
paraíso,2 en la editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.
En 1976 formó junto a otros
escritores, entre los que constaban Raúl Vallejo y Fernando Nieto Cadena, el
grupo literario de tendencia socialista Sicoseo, cuya propuesta estética
intentaba, en palabras de Vallejo, iniciar un proceso de
"desacralización" de la literatura por medio de la adopción de
dialectos e intereses populares (como fútbol o pasillos) como formas expresivas
para retratar la realidad de los sectores rechazados y oprimidos.
Durante la década de 1980 dictó
varios talleres de promoción cultural auspiciados por el Banco Central del
Ecuador junto a Miguel Donoso Pareja, a quien había conocido luego de
participar en un taller literario en que Velasco desarrolló el texto de su
novela sobre el pueblo afro ecuatoriano Tambores para una canción perdida
(1986), con la que ganó el Premio "Grupo de Guayaquil".
Obras
Novelas
·
El rincón de los
justos (1983)
·
Tambores para una
canción perdida (1986)
·
El ladrón de
Levita (1990)
·
En nombre de un
amor imaginario (1996)9
·
Río de sombras
(2003)
·
Tatuaje de
náufragos (2009)
·
Hallado en la
grieta (2012)
·
La casa del
fabulante (2014)
Cuentos
·
De vuelta al
paraíso (1975)
·
Como gato en
tempestad (1977)
·
Raymundo y la
creación del mundo (1979)
·
Músicos y
amaneceres (1986)
·
Clown y otros
cuentos (1988)
·
Desde una oscura
vigilia (1992)
·
La mejor edad para
morir (2006)
Poesía
·
Colectivo (1981)
·
Algunos tambores
que suenan así (1981)
Teatro
·
En esta casa de
enfermos (1983)
Fragmento del cuento «Desde una oscura vigilia» (1977)
“La sombra crece y yo estoy corriendo
alrededor del parque; parece que estuviera montado en un carrusel que devuelve
escenas de mi vida: allí estoy, todavía niño, caído y con una rodilla
sangrante; acá, discutiendo a gritos con mi mujer; más allá, nadando en el mar,
después llorando frente a un catafalco. Me detengo cuando escucho una canción y
busco de dónde viene la voz: cerca de la estatua de un prócer; una mujer tocada
con un bonete, canta para nadie. Oyéndola vuelvo a pensar en la ciudad, en los
días calurosos del invierno, la gente atropellándose en las aceras; la ciudad,
como un inmenso corazón que palpita en un pecho abierto, con ríos como arterias
gigantes que desembocan en una sola, ancha y sangrante. La mujer cesa de cantar
cuando me detengo frente a ella y aplaudo, después desaparece, como si hubiera sido
atrapada por aquella manta que avanza en el cielo».



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